Nunca me han parecido dolorosas las despedidas; decir adiós es cambiar de pareja, de trabajo, de vida o pantalón, y eso, al fin y al cabo, no es tan malo. Un adiós en esta esquina es un hola en otros frentes.
En mi rincón he vomitado dos mil quinientas ochenta y tres veces, una por cada descubrimiento que he ido haciendo en este último año. Hallazgos en forma de mujer como el de Lucía, han hecho de mí una persona totalmente distinta que no se ha conformado con besar la piel de la fruta prohibida; también he querido morderla para ver qué había debajo. Y allí encontré sensibilidad, experiencias y pasión. Pero lo que más le agradezco a esta mujer, es que sin haberse dado cuenta, ha hecho de mí una personita mejor y un artista que ha explotado junto a ella. Por eso le debo tanto, y también por ese motivo empecé este pequeño espacio de letras y poesías modestas que no buscaban más que la inmortalidad de mis sentimientos y que han servido para que mi pasión por las palabras haya madurado de una manera dulce y natural.
He borrado todas las publicaciones antiguas. No tenía sentido que mis historias fueran arrastradas dentro de esta botella por el mar público de Internet. Me ha dolido saber que alguno de estos textos ha hecho daño a terceras personas; no eran esas las intenciones de mis palabras. Quizá hablé demasiado cuando debería haberme callado. Pido perdón y tiendo la mano a quien corresponda.
Es ahora una época extraña en la que he decidido que toda la sensibilidad y la creatividad que pueda tener, deben centrarse en un solo punto, consiguiendo así aprovecharlas mucho más. Los versos, las melodías y los adjetivos deben ser ahora todo mi universo. También quisiera que durante un tiempo, las metáforas sean las lascivas amantes que tanto necesito, y que los estudios que empezaré pronto, se conviertan en una hermosa manera de mirar al futuro.
Te digo adiós a ti, Patricia, por ser la protagonista de casi todos los Post y de mi vida en Madrid. Te mando un abrazo eterno.
Un beso especial a Encontrada. Miles de besos a mis padres, que tantas veces me han leído y han podido saber de mis vivencias en Madrid. Abrazos a mis hermanos, amigos y enemigos que han pasado por aquí de vez en cuando y han dejado sus comentarios.
Adiós, Coctelera.

Has crecido, Quim. Se te huele mucho más maduro que cuando llegaste. No dejes nunca de crear. No dejes nunca de sorprenderte. Mucha suerte, pequeño :-)
Adiós, Quim. Hasta pronto.
Por cierto, ¿y Encontrada?
oooh, silvia por aquí... la primera en perderse... y justo nos encontramos aquí, después de tanto...
Quim guapo, tengo ganas de volver a leerte ;)
pero niña, ¿cómo estás?
:( :( :(
Los adioses siempre duelen, aunque sean un hasta pronto en otro lugar...
:( :( :(
Suerte!!
no entiendo muy bien lo de tener tu diario abierto
de todas formas parece que he llegado tarde y ya lo cerraste
Felices estudios-suerte